Y quien dice espacio dice marco regulatorio, normas que no echen por tierra el trabajo de profesionales o pautas para que la automatización no juegue una mala pasada a los ciudadanos de a pie.

No cabe duda de que la IA forma parte de una evolución tecnológica que tendrá y tiene como resultado mil y una ventajas en todos los sectores. Sin embargo, ante la avalancha de preocupaciones, protestas y discrepancias sobre hasta qué punto la proliferación de la IA ayuda o canibaliza, nosotros nos preguntamos: ¿tendremos que esperar a su democratización para aprender a esquivar los riesgos? ¿O es necesaria una regulación previa antes de esa democratización?

Estos son los motivos de la urgencia de encontrar ese espacio de pacífica (y segura) convivencia. Vamos con razones apoyadas en casos prácticos:

RAZÓN 1: Profesiones en peligro de extinción

Más allá del clásico -pero no resuelto- debate “máquinas que sustituyen a personas en tareas laborales y la consecuente pérdida de puestos laborales”, el avance y sofisticación de la inteligencia artificial -abanderada por softwares como DALL-E, Midjourney o Stable Diffusion-, pone en jaque también la supervivencia de disciplinas como el arte.

Con plataformas de generación de imágenes a partir de instrucciones escritas o habladas y tomando como referencia piezas ya existentes, ¿en qué lugar se quedaría el trabajo del diseñador o artista? Puede que en un simple “arreglador” de piezas. O, ¿qué pasa con la originalidad? ¿Es este el principio del fin de las nuevas obras?

Tal y como indican en esta entrevista de Gianluca Mauro a la artista conceptual Anne Sigismund, corre peligro la esencia de su sector: el pensamiento, la composición, las pruebas de luz, la generación de nuevas ideas. Ella misma teme que estos avances acaben con su carrera, no solo porque económicamente tienen mucho para conquistar a pequeños y medianos productores, sino porque su cometido se limitaría ahora a ser una simple “programadora”.

Y para los que estéis pensando que menuda utopía eso de que las máquinas se extiendan desde el terreno del cálculo al del arte, quizá cambiéis de opinión al saber que una obra generada con el software de IA Midjourney, al más puro estilo Caravaggio, ha ganado el primer premio en la categoría digital del Concurso de Bellas Artes Estatal de Colorado.

Aquí la obra en cuestión… ¡Flipad!

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En su defensa para todos los que se han sentido ofendidos, su creador, Jason Allen ha apuntado que su contribución -generando imágenes, procesándolas y mejorándolas- para lograr Théâtre D'opéra Spatial (que así se llama la obra), fue fundamental y se extendió durante semanas.

¿Es el fin del arte tal y como lo conocemos? ¡Ay si Picasso levantara la cabeza!

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RAZÓN 2: ¿Estoy siendo afectado por la inteligencia artificial?

Nos explicamos. La inteligencia artificial no solo funciona en un uso consciente -como en el caso anterior por ejemplo, elaborando obras-, también es usada para procesar nuestros datos cuando estamos pensando que detrás hay una persona de carne y hueso.

Es el caso de los currículum vitae cuando aplicamos a una oferta de trabajo. Muchas empresas ya emplean esta solución de automatización para agilizar los procesos de selección.

Esto implica que los CV tal y como los concebíamos (con una presentación atractiva e información sobre todos los variopintos puestos), son ahora un riesgo si queremos pasar con éxito el proceso.

Algunos tips:

  • Da protagonismo a las palabras clave del puesto al que aplicas (no te enrolles contando aquel emprendimiento al que tanto esfuerzo pusiste pero que poco tiene que ver con la oferta de empleo).
  • Documento plano. Olvídate de gráficos, colores, columnas o símbolos. Adiós creatividad (otra vez).
  • Utiliza una tipografía estándar, como Arial, las más sofisticadas todavía no son legibles por las máquinas.
  • Mejor en inglés. Este idioma es el que mejor resultados de procesamiento tiene.
  • Utiliza herramientas como Resumeworded o Zipjob para asegurarte de que tu currículum pasa el filtro de los conocidos como ATS (Applicant Tracking Systems).

RAZÓN 3: ética y derechos

A todos los efectos, es cada vez más imprescindible un marco regulador que:

  • Proteja la igualdad de oportunidades por ejemplo en el caso anterior (fuera sesgos de raza o género en las automatizaciones). Lo que implica incluir disciplinas como la psicología o sociología para preconcebir las fuentes de las que se alimenta la IA.
  • Asegure los derechos de creaciones de terceros susceptibles de ser usadas como materia prima para nuevas piezas de arte.
  • Garantice una capa de seguridad para evitar creaciones que inciten al odio o de índole sexual. Mientras tanto, plataformas como Stable Difussion se curan en salud con tweets como este.

Y es que como bien dice aquí Gianluca Mauro, la Inteligencia Artificial no es mala pero sí exige ética por parte de quienes la usan.