Es imparable, la realidad virtual de Metaverso es cada vez más real.

Si la semana pasada hablábamos de sus posibilidades en eHealth, ahora ahondamos en cómo los nuevos mundos virtuales van a revolucionar -si no lo están haciendo ya- el mundo de la educación.

La pandemia no hizo más que evidenciar que una educación de calidad, virtual y en remoto es posible y aceleró la transición y mejoras que ello demanda: desde 2020 se triplicó la inversión en tecnología educativa, pero, ¿qué implica la edtech en Metaverso?

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Analicemos su perfil bueno:

  • Personalización. La IA y análisis de la información almacenada en estos universos podrán modificar el proceso de aprendizaje para adaptarse al ritmo del alumno .Se acabará eso de escuchar al profe decir “esto es de primero de carrera, no voy a bajar el nivel”.
  • Optimización de roles profesor y alumno. El estudiante abandona su papel pasivo y el profesor pasa a ser un “facilitador” en el proceso de aprendizaje, un guía.
  • Democratización en su vertiente de accesibilidad: ya no habrá que dejar haciendo eco los cuenta de ahorro familiar para irse a estudiar fuera de la ciudad o país e incluso Harvard podría llegar a aldeas remotas (vale, quizá es soñar muy alto todavía).
  • Valor añadido. Las posibilidades de la realidad aumentada sin duda mejorarán el aprendizaje y la calidad de los contenidos. Un estudiante de arte probablemente preferirá estudiar la Alhambra dándose un paseo por sus pasillos nazaríes que con una descripción textual acompañada de una imagen con pie de foto, ¿no?

Habrá que ver cómo avanza esto y cómo cambia la forma de aprender no solo de Zetas o Alfas, ya que todo apunta a que este tentáculo llegará incluso a la formación interna en empresas, como ya ha demostrado Bank of America.

Sin embargo, y a pesar de los pasos agigantados de quienes se lanzan a la carrera (las metaversidades de Meta Immersive Learning -iniciativa de Meta en asociación con VictoryXR- o Edverse -el que ha clavado la bandera en este universo educativo-), quedan algunos salientes que limar y los lanzamos en forma de preguntas: si cambia la forma de aprender, ¿cómo cambiarán los criterios de evaluación?; ¿cómo responderán las leyes de privacidad ante alumnos y propiedad intelectual de las organizaciones que imparten conocimiento? o, ¿cómo redefinirán su fuente de ingresos las instituciones educativas? ¿clases patrocinadas por algún anunciante quizá?

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