Mucho antes de los cohetes y los coches eléctricos, antes de los trenes de alta velocidad y los implantes cerebrales y los lanzallamas, Elon Musk se dedicaba al negocio de los contenidos. En 1996, Zip2, la empresa que había fundado con su hermano, empezó a ofrecer a los periódicos un servicio de clasificados para sus versiones web.

En los próximos meses, Elon Musk comprará Twitter por 44.000 millones de dólares, la mayor operación de absorción de empresas privadas en dos décadas y la vuelta del superhéroe/CEO a los contenidos.

El sudafricano no ha ofrecido ninguna explicación sobre la compra de Twitter, aparte de algún tuit listillo. No obstante, todos parece indicar que el movimiento está relacionado con su fuerte sentimiento sobre la libertad de expresión.

Todo empezó, o al menos todos supimos que había empezado, cuando Musk publicó una encuesta en Twitter en la que pedía a la gente que opinara sobre el enfoque de la plataforma en cuanto a los derechos de libertad de expresión. "Dado que Twitter es, de facto, una plaza pública, no respetar los principios de la libertad de expresión socava la democracia. ¿Qué hay que hacer?", preguntó a sus 80 millones de seguidores. "¿Es necesaria una nueva plataforma?"

La realidad, o al menos lo que el pasado nos ha enseñado, es que si Elon cree que puede existir Twitter sin una amplia moderación de contenidos, debe estar flipando. Como explicó magistralmente el ex CEO de Reddit en este hilo de Twitter, lo divertido de la moderación de contenidos es que casi todo el mundo piensa que se hace mal y totalmente en contra de sus intereses.

Los optimistas pueden argumentar que Musk es conocido por hacer que cosas improbables sucedan. Y sí, algunas de las ideas de Musk para Twitter pueden abrir nuevas posibilidades, pero desde aquí esperamos que Musk no viva en una visión utópica de Internet pre redes sociales.

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Musk ha hablado mucho de la importancia de la libertad de expresión para la sociedad. Sin embargo, si analizamos su comportamiento público en los últimos años, descubriremos que su compromiso con la libertad de expresión ha sido bastante desigual. Le gusta decir lo que quiere, pero no le gusta tanto cuando son otros los que dicen cosas en contra de sus preferencias.

Entonces, ¿le importa tener una plataforma que sea la paladina de la libertad de expresión, o lo que le importa es controlar esta plataforma?

Como dice Esther Paniagua en su blog, Musk no compra Twitter, nos compra a nosotros: “Musk no quiere comprar Twitter, quiere comprar la plaza del pueblo digital, una de las grandes esferas públicas online; quiere controlar la influencia en los líderes de opinión, periodistas y políticos altamente presentes en la red social; quiere controlar nuestra atención (aún más) y quiere, por descontado, ser aún más poderoso".

Y esa es nuestra conclusión: la compra de Twitter es un movimiento de poder, igual que Bezos cuando se compró The Washington Post, igual que Gates con la Bill & Melinda Gates Foundation e incluso igual que occidente con su Banco Mundial, Banco Europeo de Inversiones, etc…

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