¿Cuántos Whatsapps ojeas -si no lees e incluso respondes- en lo que redactas un informe? O… ¿Eres capaz de leer este artículo hasta el final sin despistarte? Te reto.

El pilar clave sobre el que reposa Internet es la atención. Es el motor que lo mueve. Su gasolina. En el modo free, paga el anunciante gracias a tus visitas o clics -o sea, tu atención- en el premium, pagas tú -y la atención se da por ganada-. Pero, ¿cómo afecta toda esta industria a nuestros hábitos o capacidades? Y, ¿cómo se las ingenian -e ingeniarán- marcas y sector cine en todo este contexto?

Que Internet es el medio con más penetración no es novedad (84,1% en el último ranking de EGM) y, dentro de él, es el vídeo corto el rey del contenido. Para muestra, la gran subida de posiciones del recién estrenado Youtube Shorts, que, con más de 1,500 millones de cuentas activas, amenaza a la red social -perdón, canal de entretenimiento- del momento, TikTok.

Contenidos de entretenimiento de máximo 1 minuto, en masa, en cadena, y consumidos en paralelo a otras actividades. Esta es la tendencia que, cada vez más acentuada, se lleva años fraguando tal y como lo mostraba Matthew Brennan en su libro “Attention Factory”:

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A continuación hacemos un repaso de los niveles en los que esta tendencia está transformando nuestras capacidades:

Déficit de atención y nula retención, el match irrompible:


Nuestro cerebro tan solo es capaz de producir uno o dos pensamientos simultáneamente. Con lo cual, al consumir varios medios -con sus respectivos “tropotocientos” contenidos- a la vez, se ve forzado a dispararse de un punto a otro sin control. Vamos, estamos armando el despiporre padre en nuestra materia gris. O, en palabras del profesor Earl Miller, neurocientífico del MIT, “estamos cambiando y reconfigurando el cerebro, y eso tiene un costo”. O varios:

Por un lado, la retención se vuelve inexistente… ¿Recuerdas los intríngulis de los últimos 5 reels que has visto? Yo tampoco.

Además, cada vez que nuestro cerebro se evade, tardamos unos 20 minutos en recuperar la concentración en su máximo esplendor. SOS, productividad en riesgo de extinción…

Inmediatez y FOMO, ¡a sus órdenes!

No nos gusta esperar, lo queremos ya, rapidito y que me enamore nada más empezar y si no, ¡NEXT! Y no parece que haya vuelta atrás… Expertos aseguran que los jóvenes ya están acostumbrados a la inmediatez. Su cerebro, en desarrollo hasta los 20 años, ya no está preparado para la espera. Y tampoco para el contenido largo. Atrás queda la euforia de cuando el profe sacaba el proyector para dar el tema con un documental.


Además, está el amigo FOMO para ayudar a todo esto. No queremos perdernos nada, el mundo está en nuestro móvil y el cerebro necesita entrar sin un propósito consciente a ver eso tan interesante de lo que en 30 minutos ya no me voy ni a acordar.

Aburrimiento, ¿sigues ahí?

Sí, TikTok vive por y para retenerte y que te quedes más y más tiempo. Es nuestra arma en “tiempos muertos”: tiro de móvil y check a posts en piloto automático.


Ese antídoto al aburrimiento o píldora de enganche, como quieras llamarlo, está más que estudiado en ecuaciones que incluyen exposición repetida o dispersión como antídoto al aburrimiento.

Navegada toda esta travesía por las lindezas que nos traen los nuevos hábitos de consumo, ¿cómo nadan las marcas?


No cabe duda de que los anunciantes nunca han tenido tan accesible a su público para enamorarle y llevarse un trocito de su corazón -digo, cerebro- al más puro estilo chico Martini en los 90 con su arma de seducción: pulgar en labio.

Ahora los papeles se han invertido, el pulgar arma es el de los usuarios, y las marcas tienen que evitar que se deslice al siguiente contenido. Para ello, hay que conquistarlos en 3 segundos. Todo un reto para las mentes más creativas.

En cuanto al cine, ¿cómo se las ingeniarán los guionistas para hacer atractivos largometrajes de 180 minutacos? ¿Pildorillas de peli quizá? Suena loco, pero ya hay cines que predisponen descansos para no agobiar al espectador con eso de estar sentado prestando atención plena durante tal eternidad.

Sea como fuere… Si has llegado a leer hasta aquí, estás de enhorabuena, ¡continúas en el juego del calamar!

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