Las empresas de redes sociales están bajo vigilancia y sus ejecutivos tendrán que vigilar más de cerca el contenido de sus plataformas y los algoritmos que utilizan para difundirlo.

La Oficina de Comunicaciones del Reino Unido presentó esta semana al Parlamento el Proyecto de Ley de Daños en Línea (“Online Harms Bill”). Si se aprueba, el proyecto de ley hará que las empresas sean responsables del material dañino que se difunda a través de sus plataformas. Este proyecto de ley puede sentar las bases para una regulación masiva de las redes sociales en todo el mundo y obligar a las empresas a intensificar sus prácticas de moderación o a censurar más contenidos.

Entre otras medidas, ya sabemos que el Proyecto de Ley obligaría a las empresas a aplicar más controles de edad en las páginas para adultos, eliminar con rapidez los anuncios fraudulentos, moderar eficazmente los contenidos que puedan ser psicológicamente perjudiciales y bloquear la transmisión de fotos de desnudos no solicitadas (cyberflashing).

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Los críticos afirman que la vaguedad del proyecto de ley puede dificultar su aplicación y empujar a las empresas a censurar más contenidos de los necesarios para evitar castigos.

Sea como fuere, si esta nueva normativa sale adelante las empresas tendrán dos opciones, ambas costosas. O bien gastan más en tecnología de moderación o crean una red de moderadores humanos diligentes.

Ojalá esta ley empuje a más países a adoptar medidas similares. Desde GROWTH, como ya dijimos la semana pasada, creemos firmemente que el jardín no puede quedar sin vigilancia. Eso sí, los ciudadanos debemos vigilar al gobierno, pues no se le puede dar a este tampoco carta blanca para centralizar y censurar los contenidos a su gusto. Véase el desastre de las televisiones autonómicas como ejemplo. Más que nunca necesitamos un sistema de División de Poderes, como establecieron los revolucionarios europeos y americanos en el siglo XIX.

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