Atención, cada año se invierten miles de millones de euros y millones de horas-hombre en captarla y monetizarla. La base del crecimiento económico no es el litio australiano, ni la capacidad computacional de EE. UU., ni las criptomonedas de turno. El motor económico es la atención.

En las últimas décadas han aparecido compañías que hoy valen muchos ceros (medio trillón americano, o medio billón europeo) cuya única aportación ha sido una capacidad nunca antes conocida de captar la atención. Con esa materia prima, la atención, consiguen datos, que son a la vez dinero, que le permite crear más ofertas relevantes, que genera más atención... y así sucesivamente.

En esta nueva era se ha reconfigurado totalmente la cadena de suministro tradicional de la atención. Grandes medios de comunicación del siglo pasado han caído mientras aparecían particulares que convirtieron sus habilidades en riqueza y poder.

Como casi siempre pasa, la reconfiguración total de una industria ha traído cosas buenas y malas. Sin embargo, en conjunto, estas nuevas plataformas (Meta, Twitter, TikTok, Google, etc…) han demostrado ser más corrosivas que beneficiosas para la comunidad. Scott Galloway las llama ARMAS DE DISTRACCIÓN MASIVAS y basa su éxito en la distribución de bocados cortos y adictivos de entretenimiento.

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Y es aquí donde TikTok ha ganado la batalla. La app de Bytedance cuenta actualmente con más engagement por usuario que Facebook e Instagram juntas. TikTok, el híbrido entre red social y streaming, se ha convertido silenciosamente en una de las empresas más poderosas del mundo con un modelo de negocio perfecto.

Un ejército de producción de mil millones de usuarios que producen de forma gratuita y a la vez no paran de consumir compulsivamente lo que el app les sirve.

En nuestra opinión, y la de muchos otros analistas, estas ARMAS DE DISTRACCIÓN MASIVA han provocado que cada vez tengamos menos capacidad para prestar atención. Vamos de un tema a otro sin la habilidad para detectar matices ni opiniones contrarias a la nuestra. Todos encerrados en super autopistas de un solo carril sin paisaje ni tráfico contrario.

Conectando con la primera noticia, Orwell se quedó corto…

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